VOLUMEN I
TEMAS DE GERONTOLOGÍA
PRESENTACIÓN
Este es el primer volumen de la que hemos llamado Biblioteca Colombiana de Gerontología. Es el inicio de un proyecto que busca reunir, compilar armónicamente, la producción intelectual de especialistas, profesionales, investigadores en diversas áreas del conocimiento que se logran integrar a los problemas de investigación relativos al adulto mayor.
Cuando pensamos en la BCG, Biblioteca Colombiana de Gerontología no la concebimos desde una visión científica desintegradora. Por el contrario, concebimos esta Ciencia como una de las diversas disciplinas que se desarrollan en forma integrada a las diversas ciencia que el hombre ha entregado hasta la actualidad, para bien de la humanidad.
Proviene esta Biblioteca, cuyo volumen I colocamos en manos del lector, de un proyecto que en forma sencilla le permite al publico conocer ideas, pensamientos, resultados de investigación y estudio de personas que han abordado ciertos temas que tienen que ver con el objeto de investigación de la Gerontología.
Su estructura, de esa manera, es abierta y variada. No corresponde a un proyecto cerrado sobre sí mismo. Se trata de una idea que permite la participación de mucha gente que quiera y pueda decir cosas valiosas para la comunidad. Eso lleva a tener un contenido diverso; cada autor le presenta al lector su propio tema y su propia opinión y, lógicamente, su saber al respecto.
Este núcleo de intelectuales que se reúnen alrededor de la Biblioteca Colombiana de Gerontología es convocado por la Fundación Provejez Bienestar y Vida. Esta importante organización considerando que envejecer es un proceso natural, su consigna, invita a grupos de intelectuales para que escriban y publiquen su pensamiento. El objetivo es lograr que la comunidad social disponga de ideas de beneficio para la vid. Para la mejor calidad de vida en los años postreros de la actividad del hombre.
Poemia, su casa editorial es un concepto antes que una empresa. Es una condición de "territorio de la escritura", durante más de 20 años ha logrado publicar en Colombia más de 1.500 títulos de autores nacionales. Son más de novecientos ochenta autores que han colocado en la mira de la crítica nacional sus saberes y opiniones a través de este proyecto. Como "territorio de la escritura" impulsa la producción intelectual en universidades y centros académicos y de investigación. Su lema "Colombia si tiene quien le escriba" es la base para la realización de Mesas de Redacción en las cuales los investigadores, escritores y ponentes de ideas exponen por escrito su pensamiento.
Así nacen libros como este volumen I de la BCG. Esta Biblioteca surge como proyecto colaborativo de autoedición y coedición .
La Mesa de Redacción donde e fraguó este primer volumen tuvo la concurrencia, participativa y autogestionaria de un núcleo muy valioso de intelectuales de la ciudad de Cali, aunque provenientes de todas las regiones de nuestro país. Su nota de vida, sus antecedentes los podrá ver nuestro lector en la parte final del libro. Ellos, los autores, son un factor de indudable orgullo intelectual para esta obra.
!Cuántas personas vendrán como autores en nuestra Biblioteca! !Cuántos temas que serán como perlas, que se aportarán al conocimiento del adulto mayor, estarán presentes a partir de este volumen I!
La Mesa de Redacción donde e fraguó este primer volumen tuvo la concurrencia, participativa y autogestionaria de un núcleo muy valioso de intelectuales de la ciudad de Cali, aunque provenientes de todas las regiones de nuestro país. Su nota de vida, sus antecedentes los podrá ver nuestro lector en la parte final del libro. Ellos, los autores, son un factor de indudable orgullo intelectual para esta obra.
!Cuántas personas vendrán como autores en nuestra Biblioteca! !Cuántos temas que serán como perlas, que se aportarán al conocimiento del adulto mayor, estarán presentes a partir de este volumen I!
Yolanda Chaparro de Victoria
Lizardo Carvajal R.
PRÓLOGO
LA VEJEZ COMO BUENA NOTICIA
Javier Darío Restrepo R.
Los demógrafos se sorprenden, los gobernantes se asustan y las familias se preocupan: los viejos estamos alterando en materia grave la pirámide demográfica; somos una parte de la sociedad que contra las leyes convencionales, está creciendo más de lo previsto, y como le sucedía a Malthus con la explosión demográfica, las cuentas no salen. ¿Cómo sostener a los viejos, esa parte de la familia humana que no produce, que consume medicinas caras, que necesita atención hasta para bajar un escalón? Todo esto supone costos que no se recuperan, se hacen cuentas y las cifras no cuadran.
Frente a esta mirada mezquina y calculadora (calculadora por mezquina, y mezquina por calculadora) está la otra mirada que es la que se expresa en este libro, la que examina científicamente el fenómeno del envejecimiento y lo descubre con sus ricas dimensiones humanas que son las que se revelan cuando se responde la pregunta: ¿qué le aportan los viejos al mundo?
Es una pregunta tan oportuna y necesaria como la otra: ¿qué le aportan los niños a la humanidad? El lenguaje suele adoptar, para responder, la voz pasiva: están hechos para ser protegidos; deben ser atendidos con cuidados preferenciales para su salud, para su alimentación, para su equilibrio emocional; para sus debilidades. Son grupos que deben recibir, que por su naturaleza no están hechos para dar.
La voz activa de los verbos relacionados con los viejos y los niños tradicionalmente no se intentaba porque la gramática de la vida la volvía incorrecta. Sólo ahora se enmienda esa gramática y tanto el niño como el viejo son sujetos de quienes se predica en voz activa y oportuna, que enseñan, que producen, que aportan.
Resulta más evidente esa visión activa del viejo cuando se confronta su realidad con la del mundo de hoy y sus carencias.
Toda la pretensión de autosuficiencia de la humanidad en este incierto siglo XXI desaparece cuando se escuchan sus dolores y se miden sus vacíos.
Cuando se descubre que el viejo es una respuesta a dolores y vacíos, se supera la limitada y pobre visión de estos neomaltusianos aprisionados dentro de sus frías matemáticas.
Sucedió en Río durante la cumbre presidencial sobre desarrollo sostenible y se repitió la escena en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Los presidentes que oyeron a un viejo, el presidente uruguayo José Mujica, tuvieron que admitir que ninguno de ellos había logrado tanta sabiduría ni hablado con tanta autoridad a jefes de estado. En el discurso del viejo sabio había mucho más que ciencia política o económica, o sociología, diplomacia o astucia administrativa, había sabiduría, ese conocimiento que deja la experiencia.
En los viejos la sabiduría es el resultado de su cuota de errores vividos, padecidos, aceptados y finalmente asimilados. Asimilar un error es extraer de él los ácidos de la enseñanza, las mieles de nuevos conocimientos y la energía para empezar de nuevo. Se leía en la columna de Kevin Delanoy en el New York Times: “hay una fuente de sabiduría que suele pasarse por alto: la de aquellos que han vivido más”.
Los encuestadores de Gallup después de una investigación publicada en 2010 con 340 mil estadounidenses, sorprendieron a sus lectores con un hallazgo: la mayoría de las personas entrevistadas dijo que a los 80 años eran más felices que en la adolescencia. A los 80 se mira hacia atrás y se concluye que, después de todo, la vida es bella. Es quizás esta convicción la que convierte a los viejos en guardianes de la vida; no solo porque dedican parte de su vejez al cuidado de los nietos sino porque son testimonios vivientes de que vale la pena vivir y de que este privilegio de la vida tiene que ser compartido por el más grande número de personas posible.
Cada viejo podría decir con Neruda aquello de: “confieso que he vivido”, y la suya es una confesión alegre de viviente admirado y agradecido que sorprende a las generaciones más jóvenes tempranamente cansadas de vivir porque no le han encontrado a la vida el sentido que a los 80 da al viejo un especial gozo de vivir.
El viejo, a esa edad en que acecha el Alzheimer, paradójicamente se convierte en guardián de la memoria. Ante la inconciencia histórica de una generación que vive solo para el presente y solo conoce el presente, el viejo es un guía por entre ese túnel del tiempo. El recuerda de dónde vienen los hechos, por qué somos como somos, cómo comenzaron los procesos y por qué el viejo es un testigo de sus años y conjurador de los olvidos.
Al tener como punto de referencia el pasado vivido, las luchas perdidas, o los triunfos cosechados, los viejos dan fe de los avances y logros que, alcanzados, certifican que la vida y los humanos no se han detenido, ni pueden estancarse.
Es tan poderosa esa fuerza del recuerdo y tan dinámica esa visión de los caminos recorridos, que el viejo llega a ser una conciencia clara del progreso alcanzado y de la necesidad de que la humanidad no se detenga.
Uno tiene en cuenta estos aspectos de la vejez y concluye que hay una parte buena en la velocidad del envejecimiento. Apuntaba un estudio de la Universidad Nacional que “el envejecimiento creció al doble que el total de la población”. El dato alarma a los demógrafos por cuanto demuestra que se ha entrecerrado la puerta de entrada de las nuevas vidas; también deja al descubierto las cargas que pesan y pesarán sobre los adultos jóvenes ante un país en que habrá menos niños y más viejos. Pero se abren también las posibilidades positivas que examina este libro y que confirma que a los viejos les queda el desafiante reto de convertir la preocupante estadística demográfica en una buena noticia.


















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